Monster.

Me transformé en un monstruo. Esa frase una y otra vez en mi diálogo mental cada vez que me veo siendo feroz. Quise cultivar una piedad infinita y en su lugar me transformé en un monstruo que no se deja acariciar a contrapelo.

“Intimidante”
No era mi intención. Crecí para adentro, justo cuando quería llegar a abrazarlo todo con calma. Construí un palacio (¿un fuerte?) adentro de mí. Estoy cómoda acá. Segura. Altiva. En un trono mirando como todo se desarrolla. Eligiendo cuándo meter la mano. A veces hasta el codo.
Me dura poco igual. En general cuando doy hasta el codo vuelvo agotada y vacía. Siento que me drenan.
Mi piedad no es infinita. Más bien frágil y selectiva. Me elige siempre a mí. Me elijo siempre a mí.

Ahí muestro los colmillos. No cedo ni un milímetro. No comprometo nada de mi propio ser. ¿Cuándo empecé a hacer esto? ¿A sacudirme las pulgas cuando me pican?

No sé cómo hacer para seguir queriéndote. Para sentir algo cuando me pedís que me conforme. Que abra los brazos y reciba lo que sea que quieras darme. Que acepte el estado de tu desorden discursivo.

Apunto y disparo. Justo en el blanco. Estás muerto. O tal vez yo (esa es otra teoría). Todo terreno infértil. Ya no tengo nada para sentir, excepto asco. Te volvés repetitivo, predecible e igual a todos los que no elegí. Me elijo a mí. Otra vez. Me elijo a mí. Monstruosa, intimidante, pero segura. Estoy tan segura de esto. Bang.

“Remember when we couldn’t take the heat, I walked out and said ‘I´m setting you free’. But the monsters turned out to be just trees and when the sun came up, you were looking at me”

A quien corresponda.

Tengo que pensar lo que quiero, pero siempre es más fácil pensar lo que no quiero: No quiero conformarme. No quiero perder tiempo. No quiero aburrirme. Desglosemos. No quiero conformarme. Me deprime la gente con miedo a estar sola, que se aferra a algo e inventa sentimientos, sólo para escapar a la soledad. Yo no tengo miedo. Me gusta estar sola. Me gustan mis tiempos y mis silencios. Me gusta irme a dormir temprano y no sentirme obligada a nada. Quiero (sí, por fin, quiero) cambiar eso sin darme cuenta. Sin tener que mirar sobre el hombro para ver que los días solitarios quedaron atrás como si fueran un cuco que me puede comer. Cuando los días solitarios queden atrás que sea por arte de magia y no porque salí corriendo asustada. No quiero perder tiempo. Ni energía. Mi tiempo es mío, para mí. No sé para qué lo uso, pero es mío. De qué me sirve verte, si considero más útil y entretenido quedarme en casa mirando una película? De qué me sirve verte, si no considero ni consideras un futuro? No quiero aburrirme. Y este es el punto que más me molesta. Lo sé. Me molesta porque me hace quedar en un lugar de soberbia que me incomoda. Pero me aburro. Me aburro de que todo sea tan igual, tan básico, tan esquemático. Me aburro de las formas en las que intentan acercarse a mí, me aburro de los planes repetidos, de la histeria, de las vueltas, de los chistes fáciles, de que crean que en realidad no me aburro y es una pose. No, creeme, me aburro. Me aburro de todo. Me aburro de tus exs, y mis exs, y tus hijos, y tu cara cuando te das cuenta que me gusta el fútbol, o los cómics, o lo qe sea qe te parece sorprendente y único y lo usas para hacerme sentir bien y especial y para mí es lo más común del mundo, porque soy yo. Quiero (sí, quiero) sorprenderme. Dejar de saber la letra y la música de memoria. Sorprenderme porque pensas distinto, porque no te gusta el drama, porque no tenés mambos con tu mamá. O porque los tenés, pero los asumiste y los trabajaste. Quiero sorprenderme por las cosas que te apasionan y que no sean sólo river o boca (y me gusta el fútbol, pero me hace llorar pizarnik o una peli de gondry) o los redondos. Quiero que me hagas reír con chistes tontos que no sean sólo para coger, sino porque se te vienen a la cabeza y los decís todavía con inocencia. Se destraban los quiero. Quiero que tengas pasiones y trabajo y familia e independencia. Quiero que tengas ideas formadas y que siempre te interese aprender. Quiero que seas paciente. Que seas sencillo, pero no dejado. Que no quieras hablar todo el día. Que no haga falta demostrar el amor por whatsapp. Que alcance con vernos de a poco y reírnos. No tengo idea de cómo pedir o buscar o encontrar todo lo que quiero. No sé si la vara está muy alta. No sé si es mi forma de defenderme ante posibles repeticiones de dolores pasados. Si es mi forma de no fracasar. Tampoco sé si quiero bajar la vara. Los muros. Yo soy esto y quererlo todo es parte del yo que soy yo.

Ombligo

Hay gente que cree que todo se mueve alrededor de ellos. Que todos nos movemos, hacemos y deshacemos sólo para hacerlos sufrir o enojar o lo que sea. No tiene la habilidad de ver que el otro es un otro que vive, llora y ríe más allá de los demás. Que a veces el otro atraviesa tormentas y no puede estar teniendo ninguna vela más que la de su propio barco.
Hay gente que es tan egoísta que dice cosas hirientes a propósito para llamar la atención, para que el otro (que tal vez esté luchando una guerra interna) se haga cargo de él. Piense sólo en él. Que deje de lado absolutamente todo porque él es más importante.
A mí esa gente me cansa. Trato de ser comprensiva, pero me agota mentalmente tener que estar siempre disponible para alguien que jamás considera qué me sucede a mí. Que jamás pregunta qué pasa en mi vida. Que siempre monologa sobre sus problemas pero que no se toma un segundo para pensar que detrás del silencio, de la distancia, de la soledad, hay algo.
Alguien tan ciego y a la vez tan exigente me deja exhausta y sin ganas de intentar conversar para arreglar las cosas.

Esperar.

Por qué estoy tan triste por qué estoy tan triste por qué estoy tan triste por qué estoy tan triste

Respondé.

Desconexión.

No es que tenga miedo. Es que no quiero.
Cómo se puede estar tan cerca y no explotar en pedacitos?
Crucé la puerta y me puse a llorar. No llegué ni a dar vuelta la llave.
Tres minutos.
A lo único que le tengo miedo es a mí misma.
Cuánto más?
Inconexa.
No ves que no puedo ni escribirlo?
Es muy tarde y quiero todo. Pero siempre busco donde no está.

Vueltas.

Todas estas vueltas que estoy dando son porque no me animo a pedirte que dejes lo que estás haciendo y vengas a dormir conmigo.

Aparición.

No sé si fue real. Dos días después todavía el nudo en la garganta, la frase entrecortada, la conversación rota. Estalló en mi boca todo lo que estaba diciendo como si me hubieran pegado una piña en los dientes. O en la boca del estómago. Siempre que te veo es así. Violento.
Tal vez fue sólo un fantasma que se parecía mucho a vos y usaba una campera verde como la que tanto te gusta. Tenía también tu corte de pelo nuevo.
Quiero convencerme de que no estabas ahí, a esa hora, pasando a una ventana de distancia de mí. Es más fácil y llevadero que el arrepentimiento por no haber corrido detrás tuyo para mirarte fijo y tal vez abrazarte, fuerte, hasta estallar de tanta angustia de tantos años. Hasta que me rompas a patadas la tristeza esta de mierda que nunca se me termina de ir.
Me quiero convencer, pero ese hilito dorado que tejimos cuando éramos todavía dos pendejos sigue alrededor de mi cuello, asfixiándome un poquito cuando estás cerca. Un tironcito adentro y sé que tus pasos no están muy lejos de los míos. Gracias a ese hilito pude esconderme tantas veces cuando todavía te tenía miedo.
Ahora no tengo miedo. Tengo tristeza y me siento perdida. Sospecho que es justamente por eso que pasaste por mi ventana. Para que recuerde de dónde vengo. Quién me hizo. Quién construyó esta muñequita.

Pasaron dos días y no se lo dije a nadie. Atesoré esta visión. Porque cómo le explico a la gente este impulso de abrazarte? Cómo explico esta certeza de que es la única forma de curarme los golpes? Cómo les hago entender que si te abrazo estoy segura de que esta sensación de no saber a dónde ir ni qué sentir se aclararía?

Me sigo tocando la boca buscando la sangre del golpe. Cierro los ojos y te veo pasar otra vez.

Incendio.

Justo cuando me decido a dejarlo pasar, a despedir de mi cuerpo toda intención, a apagar todos los fueguitos que hayan quedado dentro de mí, viene el viento que arrasa con todo y provoca un incendio. ¿Por qué siempre este sentido tan maldito de la oportunidad? ¿Por qué justo cuando te estás cayendo del mapa clavás las garras en el borde y te aferrás?

Creo que desde la vereda se escucha cómo me late el corazón. Y desde algún otro planeta se me ve la sonrisa cuando me mirás a los ojos y no puedo sostener la mirada. 

Apoyé mi cabeza en su hombro instintivamente, casi por comodidad. No fue hasta que él correspondió apoyando su cabeza en la mía que sentí cómo se nos prendía fuego la tristeza de saber que esa era toda nuestra esperanza de vida. 

Las cosas que pienso antes de dormir.

Pienso en esa vez en la que te acostaste en mi cama y la encontraste cómoda y me pediste quedarte a dormir la siesta. Yo me reí incómoda y asumí que era una broma. Seguramente lo era, pero qué lindo hubiera sido verte dormir la siesta en mi habitación. Pienso en esa vez que me pediste cenar solos, aunque tus amigos te esperaban. Pienso en las veces que me pasaste a buscar y anduvimos cantando canciones que sonaban en la radio sin decirnos nada. Pienso en los mensajes matutinos y en cómo me abrazás cuando el destino nos choca en las calles sin querer. Pienso en las cosquillas que me hiciste esa noche que me causaron tanta risa y en cómo me puse colorada después. En todas las veces que me senté en tu cama a mirarte hacer cualquier cosa, porque me apasiona verte concentrado. En todas las propuestas decentes que te hice cuando en realidad sólo quería verte y no me importaba cómo.
Pienso qué tan lejos quedó todo eso. Cómo cerré la puerta con dolor en todo el cuerpo y aprendí a vivir con una voz en la cabeza muy en el fondo que siempre está hablando de vos, recordándome que de alguna forma supe sonreír. Pienso en los días que no pasamos juntos y en cómo podrían haber sido.
Pienso y después me duermo. Me despierto y en la vigilia todo esto es un rumor, un zumbido que soy capaz de ignorar, que va siendo silenciado con los días hasta que ya no quede nada.

Individual.

“No voy a estar con nadie hasta que ese alguien sea mejor que estar sola”. Tan claro que me asusta. Cuándo me convertí en esto? Cuándo empecé a no preocuparme por la soledad? De hecho, cuándo empezó a gustarme tanto estar sola?
Hay algo en esta soledad qe tiene gusto a libertad. A todas las puertas abiertas. A todas las posibilidades.
No es que no quiera que me quieran. O no quiera querer. No es que no quiera a nadie. Pero he encontrado que yo soy yo. Individuo. Única. Y estoy feliz con eso. Cómoda. Y cuando encuentre a alguien que quiera a ese individuo que soy, y no intente enjaularme o amalgamarme a su propio ser, entonces tal vez… Tal vez pueda estar cómoda con alguien al lado.